jueves, 17 de enero de 2013

Reducir la ciencia a un negocio: el suicidio de Aaron Swartz

El pasado viernes 11 Aaron Swartz se suicido a la edad de 26 años. Se enfrentaba a una condena por más de 4 millones de dólares en multas y hasta 50 años en prisión. Un individuo peligroso sin duda, responsable de haber creado un script para poder automatizar descargas masivas de documentos publicados en JSTOR, un sistema que provee a acceso a documentos bajo suscripción.

Si eso no fuera la única acción subversiva, Swartz fue también coautor a los catorce años del formato RSS, un formato a través del cual se comparten las actualizaciones de blogs y sitios web; colaboro con Tim Berners Lee para establecer estándares en Internet; participo en el diseño de lenguaje Markdown que facilita la inserción de HTML en sitios comos Wordpress; fundo el grupo Demand Progress que lucha contra la censura en Internet, la corrupción de las corporaciones y la defensa de la privacidad; tuvo importantes aportaciones en Creative Commons para compartir libremente cultura; contribuyo a la creación de Reddit y fue Director Técnico de Open Library, un ambicioso proyecto para crear una biblioteca libre y colaborativa a través de Internet.

JSTOR, donde el problema inició


JSTOR es un sistema donde pocos se benefician y muchos son los perjudicados. Funciona como un sistema de acceso a documentos cíentíficos, resultado de cuantiosas investigaciones de Universidades; las cuales una vez desarrolladas los investigadores pagan a prestigiosas revistas científicas para ser publicadas; tales revistas emplean a los académicos para revisión de pares frecuentemente sin pagar para mantener el estandar de calidad de la revista; finalmente cobran el servicio a Universidades y Bibliotecas para poder acceder a las suscripciones científicas.

JSTOR brinda de esta forma un acceso digital a publicaciones, a una módica cantidad, necesaria para una Fundación sin ánimos de lucro para mantener el funcionamiento de la red y donde el resto del dinero se queda en las revistas científicas por los derechos de edición.

Como alguna vez declaro David Segal director ejecutivo de Demand Progress en The Boston Globe: No tiene sentido, es como tratar de meter preso a alguien por el delito de haber revisado demasiados libros en una biblioteca.

Que esos 4 millones de documentos que alguna vez descargo Swartz se encuentren disponibles a través de Internet, es muestra de que JSTOR falla en la labor de facilitar el acceso a la cultura y obstruya además de dificultar el libre desarrollo de la ciencia.

A su vez en estos días en forma de homenaje postumo investigadores, científicos y académicos han publicado miles de artículos en PDF a través de Twitter usando el Hashtag  #PDFtribute, los cuáles se encuentran recopilados en PDFTribute.

La otra cara de la ciencia

La muerte de Aaron pone de manifiesto el debate de la ciencia como un negocio, si bien la investigación académica es libre en las grandes editoriales, responsables de prestigiosas revistas científicas, no sucede igual. En ellas no impera tal directriz.

Las suscripciones para profesores, instituciones y bibliotecas es una gran fuente de ingresos. Funciona de forma ideal para las editoriales, donde ni revisores o investigadores son pagados. Tal sistema funciona porque las revistas científicas se han vuelto una forma de evaluar el desarrollo profesional de un científicos y donde por desgracia parece que no se puede optar por otra alternativa.

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